A Bruno. A quien nunca busqué por el temor de que sólo haya sido un fantasma de mi imaginación.
Y a mis Padres.
Tiempo de Miserables comienza como un cuento y sigue como un cuento largo, aunque sólo el destino sabe si terminará siendo una novela. Los estrictos modelos tradicionales que impone la narrativa lograron confundirme un tanto con respecto a la estructura que debía darle.
Loa capítulos de Tiempo de Miserables pueden no leerse, necesariamente, en el orden en que aparecen. Lo que importa es llegar a conocer a los personajes, y la sucesión cronológica tiene en este caso menos importancia que el contenido mismo.
Se trata de un relato cuyo protagonista es un joven estudiante de medicina __Jorge Q__ que bien podría ser cualquiera de nosotros. Es posible, creo, identificarse con él. Es de carne y hueso, sufrió y luchó contra un sistema que siempre termina expresando su opresión contra el transgresor, un sistema que no le permitió determinadas actitudes en ciertos casos, y en otros, el personaje se sobrepone con tozudez.
El entorno social se desliza entre los años 70 y parte de los 80, donde el personaje lucha, persiste y convive con el sistema. No es un héroe; tampoco un antihéroe; puede ser, sí, un rebelde transgresor que no acepta determinadas reglas sociales, sólo las propias que, equivocadas o no, son determinantes de una conducta coherente hasta su ocaso.
Los acontecimientos, ya lo sospechará el lector, no son ficticios; ocurrieron en el contexto histórico y político de una Argentina agiornada __en el tono se adivina que quien relata sabe lo que ocurrió después. El perfil de los personajes se mantiene fiel a la realidad.
Tiempo de Miserables trata de ser el testimonio de una época con una postura ética ante la vida. Me gustó jugar con los personajes y dejar que ellos llevaran mi pluma a través de sus emociones y nostalgias. Por momentos, fui yo un personaje más y fue en esa condición que me permití intervenir en el relato.
LOS PERSONAJES
En el Otoño de 1974 Jorge Q., con veinte años, ingresó como empleado de oficina en el Sindicato de Comestibles.
Sus compañeros Bruno y Méndez, oficinistas que pasaron buena parte de su vida allí, se habían ya resignado al oscuro porvenir de los sumideros.
Jorge Q. recuerda con gran cariño su paso relativamente fugaz por ese sitio. El trabajaba para mantener una familia y costearse los estudios de medicina en la Facultad de La Plata.
Recuerda Jorge a Bruno que solía quejarse.
__ Este miserable país es el país de la joda, donde todos son chorros...
O en ocasiones solía recordar otro episodio con una amargura que no empalidecía con el paso del tiempo:
__ ¿Sabés una cosa, Jorgito? Un día entró Onganía a mi casa mientras yo dormía y me afanó el bandoneón. Por eso, desde entonces no toco más.
Esto lo decía en alusión al hecho de que en la crisis económica del 66 tuvo que empeñar su amado instrumento de resonancias porteñas. La oficina en pleno estalló en una carcajada. Su broma irónica dejaba entrever una tristeza en sus ojos negros de porteño melancólico.
Bruno era un hombre de escasa instrucción, pero de gustos refinados. Tenía una profunda concepción ética de la vida, aunque era un ser desesperanzado, carecía de fe y de temple.
__ Es el país de la joda...__repetía hasta el hartazgo.
Méndez, en cambio, tenía mucho de veleta. Y sin eufemismos, Bruno decía de él que iba por donde lo llevaba el viento.
__ Méndez, bigotito de hormiga...__ le decía Jorge Q. refiriéndose a la estrecha línea oscura que le cruzaba el labio superior de comisura a comisura, a la usanza de los antiguos tangueros o de los traidores del cine mudo.
__ Cantate un tango__ le gritaban al unísono los muchachos.
Jorge Q. reflexionó años después sobre los oficinistas del Sindicato y su semejanza con aquel personaje del cuento "El Capote", de Nicolás Gogol, en donde el autor hace una descripción minuciosa de la vida rutinaria de un oficinista de San Petersburgo, sus hábitos... su tristeza... su desesperanza. ¡Qué similitud con esa otra imagen que aún recuerda! Tanta distancia entre San Petersburgo y Buenos Aires y tantas coincidencias... se repetía.
Para completar el cuadro de situación en la oficina del Sindicato faltaban Néstor Brochi, jefe de empleados y Raúl Brochi, tesorero, hermanos y corruptos.
Le decían con caradurismo sin par:
__ Jorgito, anotá en el Libro de Caja estos avales: cena con los compañeros de la filial Mendoza, ciento cincuenta mil pesos; nafta de los coches del sindicato cien mil; gastos del asado y regalos para la filial Concordia... etc. etc...
"Todo afanado", solíamos decir a solas con Bruno.
El otro personaje era el secretario general, Demetrio Toranzo, que tenía alrededor de setenta años y llevaba más de veinte en el cargo. Elegido y reelegido con sufragios truchos, y bue... así es la cosa. El gran miserable, acomodado con los gobiernos de turno, ya fueran peronistas o de facto, lo mismo le daba, él siempre en pie.
__ Se trasladan con un Falcon modelo 75, con chofer, comprado con la plata del sindicato__ solíamos decir a solas con Bruno.
ELECCION DE SECRETARIO GENERAL
A fines del `75 se realizaba la elección a Secretario General. Demetrio Toranzo debía ser reelecto y llegaría a cumplir veinticinco años al frente del sindicato. Esa era la orden. El muy crápula había tomado contacto con los referentes de las filiales provinciales de su misma calaña. Todo estaba arenado y arreglado a la usanza de la época del fraude de los conservadores. El viejo Demetrio lo sabía, y estaba acostumbrado a echar mano de todo tipo de recursos.
__ ¡Yo provengo de las bases y me debo a mis trabajadores!__ mentía con el más descarado cinismo.
Bruno, Méndez y Jorge Q., así como ochocientos o mil empleados más de otras filiales de la capital, deberían votar con carnet falsificado.
Bruno relató a Jorge Q. __con la ironía que lo caracterizaba__ su propia epopeya. Le hicieron un carnet de afiliado al sindicato y le explicaron: Vos te llegás a la puerta de la sede central donde están las urnas. Allí hay dos negros grandotes custodiando para que no entren a votar los de la lista opositora. Les hacés una seña y te dejan entrar, entonces tirás nuestra boleta en la urna. ¿Entendiste?"
__ Pero __preguntó Bruno_ ¿qué va a cambiar una sola boleta y un solo carnet, en tantos miles de electores?
__ No, gil, hay miles de carnets entre cientos de empleados de las distintas filiales. No te olvides que nuestra lista y Demetrio Toranzo hace veinte años y pico que venimos manejando el gremio para bien de nuestros trabajadores__ acotó Néstor Brochi.
__ Menos mal... __ susurró Bruno entre dientes, aunque Brochi no lo escuchó.
EN LAS PUERTAS DEL SINDICATO...
Llegué a las nueve de la mañana de un miércoles. Méndez ya había votado, llegó a las ocho y media y se retiró después del trámite. Jorge Q. había faltado porque tenía examen de Patología, creo.
Había una multitud agolpada en la puerta de la Sede. Estaban los dos negros grandotes, custodiando la puerta, tal como nos habían dicho los dirigentes. También se había reunido un grupo disidentes y tocaban el bombo y cantaban la marchita... A la gran masa del pueblo imaginé, y de repente una avalancha me apretujó contra una columna cercana a la puerta.
"Me ahogo", llegué a gritar y el carnet de afiliado que tenía en la mano se fue a la mierda. Se agarraron a piñas entre los dos bandos y el bombo peronista rodó por el empedrado de Humberto 1º hasta estrellarse contra el cordón de la vereda... Se me cruzó por la cabeza el rostro de Onganía afanándome el bandoneón y las trompadas entre anarquistas __o qué se yo cómo llamarlos__ y los acérrimos "defensores" de los obreros, llovían como granizo. Milagrosamente logré escapar, rajando por Humberto 1º hasta llegar a la avenida Entre Ríos, donde realmente pude respirar. En una vidriera me vi con un ojo en compota.
Todo sea por la causa del proletariado argentino y mis treinta años de oficinista, o por Demetrio Toranzo, Secretario General de los Trabajadores. Amén.
1976
"Se espera la caída de Isabel", decía el viejo Demetrio Toranzo delante de los oficinistas, con voz socarrona y casi grotesca.
Esto ocurría después de haberle hecho mil y un paros desde su asunción tras la muerte del General Perón.
En cuarenta y ocho horas debe abandonar la Casa Rosada; por lo menos es ésa la información que tenemos. Luego asumirá la Junta Militar presidida por el Ejército.
__ Al fin y al cabo todo está arreglado con los milicos que entran__ comentó el contador Brochi en privado.
Después del fatal pronóstico del miserable Toranzo, caía Isabelita y era trasladada en un helicóptero del ejército hasta una prisión militar.
De repente, la cadena nacional de radio y televisión emitió un mensaje al país del General Videla.
__ Asumió la Junta Militar y el comienzo del Proceso de Reorganización Nacional para la reconstrucción del país y el rescate de los valores occidentales y cristianos. Es el llamado de la Patria__ decían insistentemente los integrantes de las Fuerzas.
Bruno, azorado y en voz baja, se lamentaba.
__Otra vez las botas. Nos van a cagar de hambre con sus conservadores. Jorgito... ¿conociste al escritor Rodolfo Walsh?
__ No, Bruno.
__ Un gran periodista y escritor, bastante censurado por la derecha y el gorilaje. Escribió sobre los fusilamientos de José León Suárez.
Allá por el `56, cuando los gorilas derrocaron a Perón, el general Valle con un grupo de patriotas se habían sublevado y fueron emboscados en un descampado en la localidad de José león Suárez y fusilados... literalmente masacrados. La orden fue dada por Aramburu o Rojas, ... da lo mismo.
__ ¿Ese Rodolfo Walsh, dijiste, es zurdo?
__ No, Jorgito, es un periodista de valor, que se la jugaba. No sé dónde estará escondido. Yo viví todas esas épocas, no te olvides que tengo sesenta y cinco años. Hace treinta que trabajo con estos miserables chorros. Estos no defienden a los obreros, se defienden a sí mismos. Roban a cuatro manos y se acomodan con el gobierno de turno.
Cuando bombardearon la Plaza de Mayo en el `55 ¿dónde estaban estos crápulas, los hermanos Brochi, digo, Toranzo y tantos otros hijo e`puta?
__ ¿Vos estuviste, Bruno?
¡Para qué...! Me endilgó una perorata de media hora justificando su posición.
__ Mirá, muchacho, yo soy peronista, pero no ocupo cargo alguno, no represento a los obreros ni soy vocero del pueblo. Yo laburo desde mi lugar y con mi trabajo aporto mi granito de arena, desde los catorce años no hago otra cosa que laburar, y pasé hambre... Pero Perón nos sacó de la miseria.
No seguimos hablando. se cerró el diálogo con un silencio sepulcral, como preanuncio de los tiempos que vendrían...
Nuestra historia se caracterizó siempre por silencios y antagonismos. Por las divisiones irreconciliables entre nacionalistas y conservadores... entre peronistas y gorilas...
Muchos años después supe de Rodolfo Walsh. Recordé los relatos de Bruno. Me enteré de los pesares de Walsh y por supuesto, de su brutal asesinato.
EN LOS BOSQUES DE LA PLATA...
Tenía veintiún años y ya había nacido mi primera hija, allá por el mes de abril de 1976.
Cuando terminaba mi horario de oficina corría a tomar el tren a la estación Constitución, que me llevaría a La Plata.
Estaba cursando algunas materias del segundo año de medicina: Patología en la 2ª Cátedra, si la memoria no me falla, y Microbiología.
Cada vez que arribaba a destino, a esa vieja estación del Ferrocarril con hierros herrumbrados y llena de cirujas, hacía dedo y de esa manera llegaba a los bosques. Desde allí emprendía una caminata de ocho o diez cuadras hasta la Facultad.
El `76 y el `77 fueron años duros.
Una mañana me encontraba cruzando el bosque. Hacía frío, era el mes de junio o julio, no recuerdo, y empezaron a sonar los disparos. Desde el suelo donde me eché, no veía a nadie. Se escuchaban cada vez más lejanos y después oí ruido de metralletas. Me asusté y corrí hacia la Facultad. Estaba a dos o tres cuadras de distancia y esta vez los balazos de acercaban, se acercaban, silbaban y hacían eco en el fondo de los grandes árboles del bosque platense.
Cuando llegué a la Facultad, estaba el Ejército requisando los bolsos a la entrada. Dos tanquetas y camiones del Ejército estaban apostados en la entrada principal.
Un sub-teniente vestido de fajina, con borceguíes lustrosos y su estrella plateándole el pecho, con voz firme me dijo: "Jorge Q., cadete liceísta ¿qué hace por acá?
Lo reconocí, era un compañero del secundario, de mi paso por el Liceo Militar San Martín.
Estaba en la puerta de mi Facultad, pidiendo documentos a admitiendo la entrada de aquellos que a los que no les veía cara de subversivos.
__ Pasá, Jorge Q. Pórtense bien, y a estudiar. A no hacer política.
Debo reconocer que a los veintiún años no podía ver la cruel realidad que nos envolvía en esos años infames. Tampoco sobre la desaparición de personas en los años venideros. Tenía una gran ceguera. Sólo me importaba estudiar y trabajar.
Años después, quizás una década o más, me dolieron esos balazos del bosque platense. No podía olvidar las imágenes der la entrada de la Facultad: el tío Sam con su sombrero pintado con la bandera norteamericana y un gaucho propinándole una soberana patada... Y una leyenda que decía: "Yanquis, go home".
MAS DE 1976...
Tras el derrocamiento de Isabel y la posterior asunción de la Junta Militar, el P.E.N. __llamado Poder Ejecutivo Nacional__ no tuvo mejor idea que disolver el Congreso y cerrarlo. Los nefastos personajes que condujeron el país hasta 1983 respondían a la teoría de la Seguridad Nacional... la antigua teoría creada en las Escuelas de las Américas en donde se formaron la mayoría de los dictadores de Sudamérica... para salvaguardar los más altos intereses de la Patria.
Ese era el cuadro de situación a mediados del `76. Disolución de los partidos políticos y la intervención de las Instituciones. Un verdadero golpe de estado y ni que hablar de los años que vendrían..,
En ese marco se designó un interventor para el Sindicato de Trabajadores de Comestibles __filial capital federal.
Demetrio Toranzo, a pesar de haber afirmado de antemano que estaba todo arreglado con los milicos, se enfureció al enterarse de que le cambiaron al interventor. Fue designado un Comodoro de la Aeronáutica.
__ Che, Bruno, parece que al viejo Toranzo le pusieron un Comodoro, un tal Nicolás Hertz, a quien no pudieron arreglar con anterioridad.__ decía Jorge Q.
__ Ya lo oí, y parece que el gobierno está pegándole duro a los sindicalistas: metieron en cana a Lorenzo Miguel, el de los Metalúrgicos, y a otros tantos__ Bruno, casi susurraba.
__ Creés que van a arreglar?
Bruno se quedó en silencio, y pensativo.
Creo que tiene miedo, pensó Jorge Q. y no siguió.
En una mañana muy gris del mes de julio, tocaron a la puerta de la oficina del Sindicato. Abrió Jorge Q. y se presentó un personaje que según su descripción poco después, parecía un muñequito de torta de casamiento: pelo corto y peinado a la gomina, traje oscuro y corbata al tono, y un perfume berreta que apestaba. Tal la descripción de Jorge. Lo acompañaban otros dos milicos llevando gruesos libracos de tapa dura... ¿Manuales de procedimiento, quizás? Creo que así se llamaban los libros.
__ ¿Se encuentra el secretario general Demetrio Toranzo?
__ Sí, señor... ¿quién lo busca?
__ ¡El Interventor Comodoro Hertz!__ taconeó sus pulcros zapatos negros.
Al rato, Jorge Q., por orden del viejo Toranzo, invitó a pasar a los personajes, quienes inspeccionaron todo, tomando permanente nota, conjuntamente con Toranzo y los hermanos Brochi, de todas las instalaciones del Sindicato. Después se encerraron en el despacho de Toranzo y deliberaron durante dos largas horas.
__ ¿Viste la cara del viejo?__ dijo Méndez mirando a Bruno y a Jorge__ blanco como la harina quedó con la visita... Já... Flor de cagazo...
__ Hablá despacio... __ recomendaba Bruno__ tengo miedo de que haya limpieza y quedemos todos en la calle.
__ Sí... no es imposible que nos rajen a todos y metan colimbas, mano de obra gratis.__ sonrió irónicamente Jorge Q.
__ No jodas Jorgito, la boca se te haga a un lado. Yo ya viví esto en la época de Onganía.
__ Ya sé... aquella vuelta que te afanó el bandoneón...__ ironizó Jorge.
-- Tratemos de hablar y mostrarnos amables con el coronel o lo que diablos sea__ aconsejaba Méndez.
De repente se apagó el diálogo porque en la puerta había aparecido el muñequito de torta con una sonrisa contagiosa.
Más atrás Toranzo y los Brochi, con otros dos milicos, al parecer por su expresión, bastante satisfechos por lo hablado.
__ No había dudas __comentaría después Bruno más tranquilo__ se habían puesto de acuerdo sobre la manera de conducir a sus representados, los obreros.
__ Qué alivio, macho __asintió Méndez.
LA BOMBA
Estábamos charlando sobre fútbol con Méndez y Bruno, recordaba Jorge Q.
__ Ché, Méndez, cantate un tango, bigotudo caminito de hormigas__ decía Bruno sonriente.
__ No, viejo, a Jorgito no le gusta el gotan, él es universitario, es un finolis. Se la pasa escuchando a ese Vivaldi que toca el violín, o qué sé yo...
Es que esa mañana habíamos cobrado la mensualidad y estábamos felices, recuerda Jorge Q. años después.
De repente una explosión y un estremecimiento hicieron temblar las paredes del sindicato. Los vidrios vibraron hasta el justo límite, antes de romperse. En ese mediodía el tiempo se detuvo. Tras la gran explosión hubo corridas, gente gritando. Las sirenas de las ambulancias parecían anunciar tragedia, muerte...
Continúa en 2da. parte
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